MADRID. El equipo nacional de Estados Unidos volvió a demostrar que el baloncesto de su país, con jugadores de la NBA, es muy superior al resto del planeta como lo demostró en el Campeonato Mundial que acaba de concluir en España, donde volvieron a revalidar el título de campeones.
Aunque a nivel de calle y de aficionados el torneo tuvo poco interés, la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) lo acaparó tanto dentro como fuera de los campos de juego, las figuras de la NBA se trajeron de Madrid mucho más que un título y una medalla de oro.
Lo primero fue que volvieron a demostrar es que no hay mayor gratificación como deportistas, que vestir la camiseta de la selección nacional, representar a todo un país y sentir que su responsabilidad va más allá de las acciones en el campo.
De ahí, que no importase que Estados
Unidos se quedase sin cuatro de los jugadores que se consideraban claves
en el equipo que debería viajar a España, como fueron las bajas por
distintos motivos del alero Kevin Durant, Kevin Love, Blake Griffin y
Kawhi Leonard.
Nada detuvo al entrenador Mike Krzyzewski de seguir con el proceso de formación del equipo más joven de jugadores profesionales que había llegado a un torneo internacional desde que comenzaron a formar parte los de la NBA en la Olimpiada de Barcelona 92 y dio toda una lección de clase, conocimientos, mesura y diplomacia.
Estados Unidos nunca dijo que era
superior a ningún equipo, mucho menos que tenían asegurada la medalla de
oro, que eran los grandes favoritos, se limitaron a declarar muy alto y
muy claro, eso si, que llegaban para representar a todo un país y como
tal su única meta era volver a ser campeones del mundo, quinta vez que lo lograban.
Pero para eso antes había que trabajar
duro, primero en los entrenamientos y luego fueron de menos a más desde
los partidos de exhibición hasta que llegaron a la gran final sin
conocer la derrota y poner broche de oro frente a Serbia con un triunfo
arrollador de 129-92 que no dejó ninguna duda de la superioridad del
equipo de las barras y las estrellas.
Estados Unidos, en el Palacio de los Deportes
de Madrid, lograba la victoria número 63 consecutiva, incluidas 45 en
partidos de competiciones oficiales de la FIBA y 18 en los de
exhibición.
Por primera vez un país en los
anales de la FIBA ha logrado cuatro títulos grandes seguidos desde el
2008 cuando Estados Unidos fue oro en los Juegos Olímpicos de Pekín,
siguió con el título mundial en Turquia 2010, ganó en Londres 2012 y
ahora en Madrid.
Todos los títulos bajo la dirección de
Krzyzewski, el responsable del programa de la Universidad de Duke, que
se ha convertido en el mejor seleccionador de todos los tiempos.
La racha triunfal y el haber sido oro
en el Mundial de España le da también a Estados Unidos el premio extra
de la calificación directa a los próximos Juegos Olímpicos de Río de
Janeiro 2016.
Un logro de gran valor
y significado para la proyección del equipo nacional con las estrellas
de la NBA porque ya no tendrán que participar en ninguna competición
internacional hasta dentro de dos años y tranquilizara sobre manera a
los dueños de los equipos.
Ahora todo el mundo
dentro de la NBA se centrará por completo en la llegada de los campos
de entrenamiento que están a la vuelta de la esquina, a penas faltan dos
semanas, para que en octubre comiencen los partidos de exhibición de
cara a la próxima temporada.
Mientras que Jerry Colangelo, máximo
responsable de la USA Basketball, y verdadero artífice de la nueva
mentalidad de compromiso de las estrellas de la NBA con el equipo
nacional, tendrá tiempo para pensar en los Juegos Olímpicos de Río de
Janeiro 2016.
A diferencia de lo que sucede con el
equipo nacional de otros países, donde cada día las estrellas cuestionan
más su participación, Colangelo y Krzyzewski se verán con el dilema de
ver a quienes dejan fuera si las grandes luminarias como LeBron James,
Durant, Carmelo Anthony y Chris Paul, entre otras, desean volver.
Después de lo conseguido en Madrid por
los jóvenes valores, encabezados por el base Kyrie Irving, de los
Cavaliers de Cleveland, nombrado Jugador Más Valioso (MVP) del Mundial, y
el escolta James Harden, de los Rockets de Houston, se han ganado más
que nadie el derecho a seguir también dentro del equipo nacional.
Además también dejaron un mensaje muy claro que el baloncesto de la NBA mantiene la supremacía con relación al resto del mundo.
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